Durmiendo con miedo: ¿Pesadillas o Terrores Nocturnos?

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 Aunque en ocasiones pensamos que es lo mismo, existen diferencias entre pesadillas y terrores nocturnos bastante notables, así que debemos tratarlos como dos trastornos del sueño diferentes. Asimismo, se debe mencionar que, aunque son más frecuentes en los niños, también pueden presentarse en personas adultas

¿Qué son las pesadillas?

Las pesadillas son aquellos sueños perturbadores que nos producen emociones negativas como miedo y ansiedad; pueden llegarnos a despertar. Las pesadillas son más comunes en la infancia, pero pueden aparecer a cualquier edad. Si se presentan ocasionalmente no representan un problema que requiera ayuda de un especialista.

Cabe mencionar que no es lo mismo una pesadilla que un trastorno de pesadillas. Este último es bastante inusual y consiste en pesadillas que se presentan con suma frecuencia. Quienes padecen este trastorno sí necesitan tratamiento, ya que les genera interrupciones del sueño y angustia, lo que puede derivar en miedo a dormir o inconvenientes en la vida diaria relacionados con el no dormir suficiente.

¿Qué son los terrores nocturnos?

Por su parte, los terrores nocturnos consisten en episodios de mucho miedo, agitación corporal y gritos mientras se está dormido. Son también denominados “miedos del sueño” y suelen aparecer junto al sonambulismo.

La duración de estos episodios es variada: pueden ser de apenas unos segundos hasta algunos minutos. Son más frecuentes en niños que en adultos. Normalmente no necesitan tratamiento y los niños suelen superarlos espontáneamente antes de la adolescencia.

No obstante, si representan problemas para la seguridad del niño o dificultan su vida diaria, sí pueden requerir tratamiento

¿Por qué ocurren los miedos nocturnos? ¿a qué edad?

Las pesadillas suelen afectar a los niños entre los tres y los seis años. Después de los diez años es frecuente que se hagan menos comunes. En el caso de los adultos, se presentan con mayor frecuencia en las mujeres que en los hombres. Por su parte, los terrores nocturnos se presentan con mayor frecuencia en los niños que tienen entre cuatro y siete años.

Ambos son trastornos considerados como parasomnia, ya que se trata de trastornos relacionados con emociones negativas que se presentan al despertar, durante el sueño o poco antes de conciliarlo. En el caso de las pesadillas no se conoce con exactitud cuál es su causa, pero se conocen los siguientes factores de riesgo:

  • Ansiedad.
  • Traumatismos.
  • Privación del sueño.
  • Abuso de sustancias.
  • Algunos trastornos de salud mental.
  • Ciertos medicamentos como los recetados para la presión arterial, enfermedad de Parkinson, dejar de fumar o betabloqueantes.
  • Padecer eventos traumáticos como agresiones o abuso sexual.
  • Ver películas de terror o leer libros de terror, especialmente antes de dormir.

En el caso de los terrores nocturnos, las causas tampoco se conocen con precisión, pero se han determinado los siguientes factores de riesgo:

  • Cansancio extremo y estrés.
  • Fiebre.
  • Interrupciones al dormir.
  • Síndrome de piernas inquietas.
  • Consumo de alcohol en el caso de los adultos.
  • Trastornos del estado de ánimo.
  • Privaciones del sueño.

4 Diferencias entre pesadillas y terrores nocturnos durante el sueño

Existen cuatro diferencias entre pesadillas y terrores nocturnos que resultan clave para no confundir ambos trastornos. Estas son las siguientes:

1. Frecuencia

Las pesadillas son tan frecuentes que lo más común es que todos los niños experimenten alguna. Sin embargo, sólo entre uno y seis niños de cada cien padecen de terrores nocturnos, por lo que la frecuencia de este último trastorno es mucho menor.

2. Edad en que aparecen

Mientras que los terrores nocturnos se presentan con mayor frecuencia entre los cuatro y siete años; las pesadillas son más comunes entre los cinco y seis años.

3. Los terrores nocturnos no suelen recordarse

Debido a que las pesadillas suelen darse durante la fase del sueño REM, es común que los niños sean capaces de recordarlas al despertar. Esto no ocurre con los terrores nocturnos, los cuales son completamente olvidados, ya que se dan durante otras etapas del sueño.

4. Síntomas

Probablemente, es a través de los síntomas donde más se aprecian las diferencias entre pesadillas y terrores nocturnos. En las pesadillas la persona afectada siente que está ante una amenaza a su supervivencia o seguridad debido a un sueño inquietante, por lo que se despierta con angustia y puede tener problemas para volver a dormir.

La gravedad de esto no es mucha si se compara con los terrores nocturnos, pues en estos el niño puede patalear, tener el pulso acelerado, sudar, abrir los ojos, sentarse en la cama e incluso gritar.

¿Cómo actuar como padres con hijos con miedo a dormir?

Los padres cuyos hijos tengan problemas para dormir cometen el error de pensar que es indispensable eliminar el miedo para que el niño sea capaz de dormir. La realidad es que esto resulta complicado y la verdadera solución consiste en hacer que el niño adquiera la capacidad de dormir incluso con el miedo presente

Acciones como mantener la luz encendida o acompañar al niño hasta que se duerme pueden funcionar bien como soluciones temporales, pero actúan como meros paliativos que no le ofrecen al niño la oportunidad de enfrentar sus miedos

Por tanto, deben evitarse y sustituirse por estrategias en las que el niño encuentre en el reto de dormir solo una oportunidad de sentirse más independiente y evitar escapar de los problemas.

Tratamiento de las pesadillas

Al igual que ocurre con el terror nocturno, el tratamiento de las pesadillas dependerá de las posibles causas. Asimismo, el tratamiento sólo será necesario cuando las pesadillas se presentan con mucha frecuencia. Entre los diferentes tratamientos se encuentran los siguientes:

  • Tratamiento de afección médica que podría estar relacionado con las pesadillas.
  • Tratamientos para la ansiedad o el estrés.
  • Terapia de ensayo en imaginación.
  • Uso de medicamentos para el estrés.

Tratamiento de los terrores nocturnos

En la mayoría de los casos los terrores nocturnos no representan un problema lo bastante grande como para que sea necesario un tratamiento. No obstante, si pueden producir lesiones, ocasionan vergüenza o reducen la calidad de vida del afectado, entonces sí podría ser necesario un tratamiento.

El tratamiento que se seleccione dependerá del diagnóstico del especialista, el cual buscará determinar cuál resulta más eficaz de acuerdo a las causas del terror nocturno. Entre las distintas opciones de tratamiento se encuentran:

  • Hipnosis.
  • Terapia cognitivo-conductual.
  • Tratar otras afecciones como trastornos del sueño o mentales.
  • Programar un despertar anticipado.
  • Uso de medicamentos como antidepresivos o benzodiacepinas.

Conclusiones: diferencias entre pesadillas y terrores nocturnos

Muchos niños pueden tener pesadillas o terrores nocturnos al dormir. El deber de los padres es orientarlos para que aprendan a enfrentar estos miedos como parte de su desarrollo durante la infancia. No obstante, cuando la frecuencia de estos miedos es demasiado alta, es necesario considerar acudir con un especialista, ya que no es normal que estas afecciones representen un peligro para la integridad física o mental de quien las padece.

Referencias bibliográficas

Castillo Meléndez, E., & García Sánchez, M. (1990). Terror nocturno en niños. Rev. cuba. pediatr, 341-8.

Morales, E. M., & de Vaca, P. M. N. C. (2004). Tratamientos psicológicos de las pesadillas: una revisión. International journal of psychology and psychological therapy4(1), 11-36.

Kales, J. D., Cadieux, R. J., Soldatos, C. R., & Kales, A. (1982). Psychotherapy with night-terror patients. American journal of psychotherapy36(3), 399-407.

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Psicóloga Gral. Sanitaria Col 19069

Montserrat Fernández

Redactora de ​este blog.

Trabajo en consulta privada desde el 2010 en el Prat de LLobregat con pacientes adultos y parejas. Mi formación es humanista.

Psicóloga por vocación tardía y agradablemente disfrutada. Observadora entusiasta del comportamiento humano. Hacedora de caminos por los que invitar a transitar.

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