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Responsabilidad emocional: cómo asumir la responsabilidad de tus emociones y respetar las de los demás

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La responsabilidad emocional, también conocida como responsabilidad afectiva, es la conciencia de que nuestros actos y palabras tienen un impacto en las demás personas. Es tener claro que, en el vínculo que creamos con el otro, el cuidado, la comunicación, el respeto y los acuerdos son pilares básicos. Ya que lo que hacemos y decimos tiene repercusiones en el otro, de la misma manera que lo que el otro hace o dice también nos afecta..

Quienes la practican, no pierden libertad sobre su forma de actuar, sino que aprenden a ejercer esta libertad cuidando tanto de sí mismos como de los demás al relacionarse.

En este sentido, puede ser descrita como una toma de conciencia sobre las acciones propias hacia terceras personas. Esta conciencia se compone de diálogo, cuidado y consenso.

De manera general, implica responsabilizarse tanto de las emociones ajenas como de las propias. Es decir, practicar la empatía, pero sin tener sensación de culpa. No se aplica sobre un solo tipo de relaciones, sino en todas: en relaciones de amistad, laborales, familiares, de pareja, etc.

responsabilidad emocional

Gracias a esta actitud emocional, las personas pueden comprender los efectos de sus comentarios, actos y decisiones en otras personas, a la vez que adquieren la capacidad de tomar responsabilidad sobre sus consecuencias.

El principal contraste con respecto a personas que no tienen en mente este concepto radica en que quienes no lo practican tienden a centrarse más en cómo se sienten ellos mismos, dejando en un segundo plano el cómo sus acciones afectan a otras personas.

Cabe aclarar que dichas acciones son bastante amplias. Otras personas pueden verse afectadas no solo por palabras, sino también por gestos, expectativas, expresión de estados emocionales e incluso la simple presencia.

¿Qué significa ser responsable de tus propios sentimientos?

Significa hacerse cargo por completo de las emociones personales, evitando culpar a otras personas por ellas. También implica aprender las consecuencias que puede tener la gestión de los sentimientos propios sobre las emociones de otras personas.

Emoción y sentimiento son dos términos que habitualmente se confunden; si quieres saber sus diferencias puedes hacer click en nuestro post sobre ello.

¿Qué son las emociones?

Se trata de reacciones psicofisiológicas que ocurren ante estímulos externos. Provocan cambios intensos, aunque cortos, en el estado anímico.  Las emociones son necesarias para adaptarse a objetos, lugares, personas y situaciones.

Hacen que resulte más fácil lograr una interacción social exitosa e influyen en la expresión del lenguaje no verbal inconsciente.

Son tan básicas en el ser humano que comienzan a manifestarse después de los primeros meses de vida. El psicólogo Paul Ekman considera que existen seis emociones principales: alegría, ira, miedo, asco, sorpresa y tristeza.

¿Qué es la responsabilidad?

Consiste en cumplir con las obligaciones personales y en ser cuidadoso al hacer un comentario o ejecutar una acción. La responsabilidad implica ser consciente de que el cumplir o no con las obligaciones depende de la propia persona encargada de éstas.

Se considera una cualidad y un valor en los seres humanos, por lo que es tomado como una característica positiva. Las personas responsables actúan de forma apropiada, se hacen cargo de sus acciones y se comprometen firmemente con las causas que se proponen.

La importancia de hacerte responsable de tus sentimientos

Las siguientes son las razones por las que se considera importante tomar responsabilidad de los sentimientos personales:

  • Facilita alcanzar acuerdos en común, ofrecer perdón, explicar lo que ocurre detrás de un conflicto o situación compleja y trasladar expectativas a otras personas.
  • Representa un impulso importante para el desarrollo individual.
  • Ayuda a entender que la opinión propia no es la única válida.
  • Hace posible ser empáticos sin sentirse culpables por ello.
  • Permite establecer relaciones sanas y duraderas de cualquier naturaleza.
persona afectivamente responsable

Beneficios de asumir la responsabilidad de tus emociones

Al asumir el compromiso de tener responsabilidad afectiva, se pueden apreciar beneficios en las relaciones sociales y a nivel personal. En el caso de las relaciones sociales, sale beneficiada la calidad de la red de amigos, compañeros y familiares, y el grado de satisfacción mejora: al trabajar para ser dueño de las propias emociones, se consiguen mejores relaciones interpersonales y sociales.

Por su parte, en el plano personal los beneficios afectan a las emociones propias. El tener responsabilidad emocional ayuda a las personas a sentirse mejor consigo mismas. Cuanto más se utiliza esta habilidad, más crece, por lo que su efecto positivo en el bienestar también se incrementa progresivamente.

Eventualmente, permite a las personas tener una mayor autoestima, tener mejores relaciones con otras personas e incrementar la seguridad en sí mismos.

¿Puede otra persona ser responsable de tus sentimientos?

No, nadie más que la propia persona dueña de los sentimientos puede responsabilizarse de ellos. De hecho, un mal hábito común es culpar a otras personas de cómo se sienten.

Se debe evitar esta clase de pensamientos para tener responsabilidad afectiva y entender que cada persona es responsable de sus reacciones y emociones. Si bien es cierto que se puede influir en las relaciones de los demás, no es posible controlarlas. Así, tanto el bienestar como el malestar emocional sólo puede ser controlado por quien lo padece.

Aprender a ser emocional y afectivamente responsable

Aunque parezca sencillo, en la práctica no es fácil ser afectiva y emocionalmente responsable. Sin embargo, tener en cuenta los siguientes puntos puede hacer que alcanzar este objetivo no sea tan complicado:

  • Fomentar la asertividad al comunicar las emociones hacia otras personas.
  • Analizar de dónde provienen las emociones para mejorar la forma en que se gestionan.
  • Comunicar de forma clara lo que se siente y en voz alta, con el fin de lograr un acuerdo en consenso.
  • Fijar acuerdos mutuos y límites. Además, comunicarlos y conocer los de las demás personas.
  • Reconocer los errores propios y trabajar en ellos.
  • Tener concordancia entre lo que se pide y lo que se ofrece. Es decir, si se pide responsabilidad afectiva de parte de otras personas, es necesario estar dispuesto a también ofrecerla.

Conclusiones responsabilidad emocional

La habilidad de ser responsablemente emocional puede ser muy útil en la vida diaria. En todos los entornos es inevitable tener interacciones sociales y, cuando éstas se dan a través de la responsabilidad afectiva, todos los involucrados salen beneficiados.

Quienes practican esta habilidad no sólo se sienten mejor consigo mismos, sino que también ayudan a que quienes les rodean se sientan mejor. Por tanto, aunque no sea fácil desarrollarla y requiera tiempo y esfuerzo, es muy recomendable trabajar en ella para aprovechar las ventajas que ofrece.

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Sobre la Autora

montse-fernandez-redactora

Psicóloga Gral. Sanitaria Col 19069

Montserrat Fernández

Trabajo en consulta privada desde el 2010 con pacientes adultos y parejas.

Mi formación:

  • Licenciada en Psicología por la Universitat de Barcelona (2010)
  • Postgrado en Terapia Gestalt. Escola Taller de Gestalt, Barcelona (2006-2010)
  • Terapeuta integrativa en el programa SAT impartido por el Dr. Claudio Naranjo -Programa SAT- 2009-2014 (520h)

Psicóloga por vocación tardía y agradablemente disfrutada. Observadora entusiasta del comportamiento humano. Hacedora de caminos por los que invitar a transitar.

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